¿Comes Por Ansiedad?, Conoce Los Efectos en Tu Cuerpo

El origen de comer por ansiedad no radica en una necesidad física, sino psicológica. El hambre emocional es un trastorno alimentario en el que influyen las emociones no resueltas. Estrés, miedo, tristeza, sentimientos de culpa o baja autoestima son algunas de las causas que se relacionan con el asunto de comer por ansiedad.

Cómo saber si estas comiendo por ansiedad

Existen algunas características comunes para determinada que comes por ansiedad. Por ejemplo, si te sorprendes acudiendo a la nevera sin tener hambre, es un claro síntoma de este trastorno. También si encuentras en la comida una ligera sensación de mejora en tu tristeza o estrés cotidiano. Esto es solo un efecto placebo, ya que después aparece el sentimiento de culpa por el atracón que te has dado, al comprobar que el problema que tenías sigue ahí, pero además lo estás acrecentando con este impulso por comer.

Y es que comer por ansiedad tiene efectos negativos sobre tu cuerpo. Ya has visto los psicológicos (culpa, falsa sensación de mejoría, decepción con uno mismo…), pero existen otros físicos.

Efectos que puedes sufrir si comes por ansiedad

En general, cuando comes por ansiedad, lo haces sin orden ni control. No te pones a mirar el reparto nutricional de los alimentos ni buscas aquellos más saludables. Al contrario, los alimentos ultraprocesados y/o con calorías vacías suelen ser los que sirves en tu plato cuando aparece el hambre emocional.

Consumir de forma compulsiva alimentos con un bajo nivel nutritivo y altos en azúcares, grasas, calorías, y similares, provocan efectos muy negativos sobre tu cuerpo.

El primero de ellos y el más evidente, el sobrepeso. Ya existen campañas publicitarias en las que se relaciona lo negativa que es la obesidad y se vincula con el tabaco. “Fumar mata, pero el sobrepeso también”. El sobrepeso es el origen de un buen número de enfermedades potencialmente mortales, entre las que se incluyen las enfermedades cardiovasculares.

Si tienes sobrepeso tienes más posibilidades de sufrir enfermedades coronarias, diabetes, cáncer, hipertensión, accidentes cerebrales e incluso problemas ginecológicos, entre otros. Por ejemplo, puede afectar a la fertilidad en hombres y mujeres y concretamente puede provocarte problemas con la menstruación.

Una dieta deficiente rica en grasas incrementa tu posibilidad de sufrir colesterol. El colesterol también se relaciona con las enfermedades coronarias, problemas en las arterias y de circulación.

Estrechamente ligado a estos asuntos también aparece la hipertensión. Una presión arterial alta incrementa el riesgo de sufrir trombosis, infartos o derrames cerebrales, tres cuestiones muy peligrosas a las que debes tener mucho respeto y evitarlas a toda costa.

Además, también pueden aparecer problemas estomacales. Normalmente, cuando comes por ansiedad, lo haces de forma rápida, ansiosos (valga la redundancia) y sin masticar apenas. Esto te puede provocar patologías como gases, obstrucciones intestinales, diarreas o estreñimiento, además de dolor de estómago por comer mucho, mal y a destiempo.

Por último, destaco los problemas de sueño que puedes sufrir. En muchas ocasiones, esta hambre por ansiedad se da durante la noche, algo que influye negativamente no solo sobre la cantidad de horas que duermes, también sobre la calidad del sueño. Si comes alimentos pesados o si lo haces justo antes de ir a la cama, sin dejar espacio para la digestión, se incrementa la posibilidad de sufrir insomnio o pesadillas. Una buena cena debería realizarse tres horas antes de acostarte, con alimentos ligeros y saludables y con una buena proporción de magnesio y triptófano, los dos nutrientes más recomendados para mejorar tu descanso.

Hasta que consigas evitar los atracones debes centrarte en consumir comida saludable.

¿Cómo puedes mejorarlo?

El primer paso, es detectar que estas comiendo por ansiedad y se consciente de ello. Trata de calmar tu ansiedad con otras actividades que no impliquen pasar por la cocina. Las mejores son aquellas que te hacen trabajar el cuerpo (hacer deporte o simplemente salir a caminar) y la mente (actividades creativas como dibujar o escribir, también la meditación).

Pero, obviamente, no es un problema que vaya a desaparecer de la noche a la mañana. Por tanto, si sigues visitando la nevera a horas inadecuadas y no puedes hacer nada para evitarlo, deberás que tener autocontrol cuando hagas la compra. Intenta no llenar el carrito exclusivamente con alimentos ultraprocesados sin valor nutritivo y busca snacks saludablesFrutas, hortalizas, lácteos… Apuesta por la comida real y evita los alimentos azucarados, como dulces procesados, que son los que más se consumen cuando estas bajo los efectos del hambre emocional.

Los alimentos saciantes y aquellos en los que debes masticar mucho son claves para engañar al hambre emocional. Por ejemplo, una manzana con piel, comida a bocados, es una buena idea. También preparar un hummus casero con palitos de zanahoria o incluso unas conservas de atún natural con tomate en rodajas son tres ejemplos de snacks que te ayudarán a ignorar esta sensación de ansiedad y además aportarán beneficios para tu salud.

Controla tu salud mediante análisis clínicos periódicos. Puede ser que esta sensación de hambre no sea por ansiedad y exista algún problema hormonal. De igual modo, también puedes comprobar si estos atracones están pasándote factura (por ejemplo, mediante el estudio de los lípidos de tu organismo o tomándote la tensión) y debes concienciarte más sobre la importancia de cuidarte y llevar una alimentación equilibrada para sanar cuerpo y mente.

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