Trastornos Alimenticios No Específicos

En la actualidad es la tercera enfermedad crónica más frecuente. Se trata de un trastorno alimentario no específico, que suele presentarse si tienes una marcada disconformidad con tu imagen corporal o apariencia física, baja autoestima, dificultad en el control de los impulsos y las relaciones sociales.

Este tipo de trastorno se caracteriza porque presentas una conducta alimentaria alterada, con un patrón de consumo y relación con los alimentos fuera del esquema normal. Aunque puedes registrar síntomas de un trastorno alimentario específico (como la anorexia o la bulimia) hay criterios de éstos que no se cumplen con ello, y puede afectar a niños, mujeres y hombres de diferentes edades y variadas contexturas físicas, peso y talla.

El peso no es determinante en este tipo de trastorno, puedes presentar un peso normal y padecer de trastorno alimenticio, este afecta más a las mujeres.

El diagnóstico puede hacerse a cualquier edad y el análisis clínico debe especificar la gravedad y remisión, para complementar la información de cada caso particular.

Tratamiento multidisciplinario
Lo recomendable para un tratamiento exitoso, es que sea abordado mediante el trabajo armónico de un grupo de especialistas.

Es muy frecuente encontrar una paciente con rasgos característicos de trastornos alimenticios, que presenta alteraciones no sólo en tu salud alimentaria sino también en tu salud psíquica y física, así como trastornos en tu conducta y desenvolvimiento social.

Lo recomendable para un tratamiento exitoso es que sea abordado mediante el trabajo armónico de un grupo multidisciplinario de especialistas que estén familiarizados con este tipo de trastornos.

La sociedad moderna, inundada por medios, redes sociales, y la industria de la moda, que suelen promover valores como la delgadez, belleza y jovialidad, principalmente sobre el cuerpo aumentan la presión sobre el control de peso en las personas, para quien la manera correcta de prevenirlo es mediante una alimentación saludable.

Una alerta para tí para prevenir

La mejor manera de prevenir los trastornos alimentarios no específicos es implementando hábitos saludables.

En este sentido, recomiendo:

1.- Establescas horarios de comida regulares.

2.- Repartas la ingesta de comida diaria en cuatro o cinco raciones al día.

3.- Evites el salto de comidas y los picoteos entre horas.

4.- Tu dieta deber ser sana, equilibrada, variada y debe incluir todos los alimentos.

5.- Fomenta la autoestima para que descubras tus capacidades y tus limitaciones, las aceptes y aprendas a sentirte bien contigo misma

6.- Adopta y mantén hábitos saludables en otros aspectos como la constancia en la práctica de actividad física y en el número de horas de sueño.

7.- Todo lo que te ayude y permita llevar una vida saludable.


Marta siempre hizo dietas, fue flaca y le interesaba verse bien. A los 38 se obsesionó con las maratones, ir al gimnasio y entrenarse. Pero el detonante de su trastorno de la alimentación fue la muerte de su marido cuando ella tenía 45 años.

"Ahí dejé de comer y me empecé a hincharme. El médico a domicilio me dio diuréticos y me encantaron porque empecé a perder más peso. Comía sólo verduras y ensaladas. Ésa era la dieta. Al principio me sentía bien, pero al tercer año ya no me podía levantar de la cama y me tuvieron que internar", tras hoy reconocer haber tenido anorexia.

Abusó de los diuréticos y los laxantes, y llegó a pesar 37 kilos. Al momento de su internación tenía el potasio y el sodio por el piso, se le caía el pelo y no tenía energía para nada. Hoy, Marta está en un proceso de recuperación, pesa 44 kilos y encontró un nuevo sentido a su vida: ayudar a otras mujeres con problemas psicológicos.

Como ella, son cada vez más las mujeres a las que se les diagnostica un trastorno alimentario entre sus 40 y 50 años. Puede que lo hayan padecido durante años sin nunca haber buscado ayuda, que hayan sido tratadas en su juventud y haber tenido una recaída o haberlo desarrollado por primera vez en su adustez.

Sin nombre... por ahora

Es algo que vengo viendo en los últimos años. Este verano couché a tres mujeres de menos de 50 años con bajo nivel de sodio y potasio, con riesgo de paro cardíaco, con la menopausia las dietas restrictivas que venían haciendo no les alcanza y recurren a cualquier cosa, desde tratamientos estéticos, cirugías, hasta preparados para adelgazar indicados por médicos que venden espejitos de colores aduciendo que son naturales y contienen anfetaminas, diuréticos, hormona tiroidea y terminan descompensándose clínicamente, adictas a ellos o intoxicadas.

Dieta estricta que lleva a atracones, hiperactividad física y exceso de sustancias son parte de un cóctel explosivo que te puede llevar a la muerte.

Son pacientes que tienen un perfil para desarrollar un trastorno de la alimentación. Siempre fueron dietantes, inquietas, que siguieron la moda de estar bien y que en su edad menopáusica se les dispara esta tendencia.

Son muchos los factores de estrés que comúnmente ocurren en la mitad de tu vida de y que dan comienzo a los trastornos alimenticios o a su reaparición. Pueden ser divorcios, dificultades para llevar a cabo el rol materno, la muerte de los padres o pareja, problemas en la carrera profesional y económicos, el síndrome de nido vacío o los cambios emocionales y fisiológicos debido a variaciones hormonales.

Con la menopausia, puede ser que hayas sido siempre flaca y que te empieces a sentir incómoda con los cambios en tu cuerpo. Se conjugan varios factores, como los replanteos existenciales, la presión social a no envejecer, el deterioro físico que empiezas a tener y el estrés de seguir produciendo. Esto hace que tiendas a estar mucho más obsesiva por tu imagen. No sé qué nombre ponerle pero calculo que en algún momento se le empezará a llamar de alguna manera.

Para Sandra, cumplir 40 años fue un antes y un después en su vida. Se sentía fea, vulnerable, estaba estresada, el trabajo la demandaba más de lo que quería y no podía manejar la presión. Le diagnosticaron hipotiroidismo, aumentó de peso y su cuerpo cambió.

Comenta, "Tuve miedo de perder el control y, de alguna manera, puse la misma energía que ponía en el trabajo en manejar mi alimentación. Me obsesioné, mi ánimo dependía de lo bien controlada que había estado y la cantidad de ejercicio que había hecho. Se transformó en mi tema de conversación, horas frente al espejo denigrándome, no toleraba estar en mi cuerpo. No me sentía atractiva y creía que mi marido ya no estaba interesado en mí", ella tomaba más dosis de hormona tiroidea para acelerar su metabolismo, creyendo que esto no tendría ninguna consecuencia negativa.

Un día se desmayó en su clase de spinning. Cuando le hicieron el electrocardiograma, le encontraron una arritmia y sus valores tiroideos totalmente desestabilizados. Al salir de la guardia clínica, su marido la acompañó a hacer una consulta psicológica y hoy está en proceso de recuperación.

Estas mujeres tienen que saber que lo que están haciendo les pueda costar la vida. Pero lo más desesperante es que solo les interesa estar más flacas, sin importar las consecuencias. Y el problema es que son muy pocas las instituciones que trabajan con los trastornos alimentarios en mujeres mayores de 30 años.

Problema 

Bien, el fenómeno no cuenta aún con una radiografía certera, la tendencia es general. Como profesional de la salud estoy observando la prevalencia de los trastornos de la alimentación en mujeres adultas y existen mujeres que sufren de un tipo activo de trastorno alimenticio.

Se demuestra que los trastornos alimentarios no se limitan sólo a las primeras décadas de la vida y que tanto los crónicos como los que recién aparecen se tornan evidentes en la mediana edad.

Estamos atravesados por una cultura de la inmediatez, entonces la sensación de quedar vacías o tener la panza chata hace que abuses de los laxantes o diuréticos, que en realidad no sirven para adelgazar. Tener un primer efecto de pérdida de líquido pero en el largo plazo es muy nocivo. Lo primero que me preguntan es cómo pueden bajar los flotadores. Y en realidad, el objetivo es que puedan aprender a convivir con ellos. Hay que poner en la balanza si privilegiamos tener una masa muscular aceptable o tener un cuerpo de Barbie a los 60 años.

Durante la menopausia, también existe una mayor tendencia a los cuadros depresivos y de ansiedad, y esto también colabora a la manifestación de un trastorno alimentario. Muchas veces, tanto los atracones, como las purgas y el ejercicio compulsivo funcionan como «ansiolíticos», dándote cierto bienestar momentáneo. Por eso, la predisposición a la recaídas. Parte del tratamiento es enseñarte a manejar las emociones negativas, el malestar y las frustraciones de la vida con herramientas más positivas.

La aceptación funciona también como un gran enemigo. El "qué linda y flaca que estás" o el "quiero ser como tu" que recibes de tu entorno todos los días sirve no sólo como incentivo para seguir por el mismo camino, sino que exacerba el problema.

Marta reconoce que ella le pedía a su hijo que le comprara los diuréticos como si fuera algo normal. Su familia estaba acostumbrada a que comiera poco. Hoy la retan. En general, tiende a decir que es vegetariana para no comer carne. Ahora come pollo y pescado. No te das cuenta, pero juegas con el límite entre la vida y la muerte. Llegas al punto en que no tienes energía, no puedes caminar más de dos cuadras ni disfrutas de nada. Lo único que te consuela es estar flaca. Acompañarla fue, para ella, encontrarle un nuevo valor a su vida.

Cuando llegues a los 50 tienes que reconocer tu edad y vivir con la falta de hormonas, cansándote más, haciendo un ejercicio físico programado, con un plan de alimentación que cubra tu calcio y tu hierro.

El problema es que estas muy poco acostumbrada a la aceptación de tus etapas vitales. Te falta entender que atravesarlas está bien y puede ser maravilloso.

Posibles factores de estrés en la mitad de tu vida

  • Divorcio
  • Problemas de relación
  • Dificultades para llevar a cabo el rol de madre
  • La muerte de tus padres
  • Dificultades en tu carrera profesional
  • Dificultades económicas
  • Síndrome de nido vacío
  • Cambios emocionales y fisiológicos debido a variaciones hormonales en la menopausia
  • Miedo a envejecer
  • Deseo de verte más joven y más delgada de lo que la edad permite

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